La granada es una planta versátil pero al mismo tiempo exigente; su talón de Aquiles es justo el agua.

Si bien el “fruto de la vida” pueda estar también en zonas áridas, necesita de una irrigación regular durante la temporada seca para aumentar el rendimiento de la cosecha, la calidad y el tamaño del fruto.

Pero cuidado, la granada rechaza absolutamente charcos o pantanos, por ende requiere pequeñas dosis de agua para manifestar plenamente su esplendor.

Tanto en la cultivación doméstica de la planta en vasos, como en las instalaciones intensivas, la estrategia es la misma.

En el jardín doméstico, habrá que regarla una vez cada dos-tres semanas, mientras que en el campo será necesario adoptar el riego por goteo. Esta técnica se utiliza también para controlar la maduración e individuar el periodo mejor para la cosecha. Además, el riego por goteo se emplea para suministrar fertilizantes a través del agua con la ayuda de aparatos computarizados avanzados.

 

La granada se adapta fácilmente también en los terrenos regados con agua con alto contenido de sal gracias a la resistencia de sus tejidos a este elemento. Ésta es una propiedad muy importante si consideramos los efectos devastadores causados por el uso de aguas salinas, como muerte, toxicidad, reducción del absorbimiento de nutrientes, diminución de la calidad y de la producción.

Sin embargo, hay que recordar que en caso de aguas con alto contenido de sal, es aún más necesario el riego por goteo para evitar concentración de sal en la zona del terreno explorada por las raíces.

 

Photo credits: amira_a 

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