La creciente demanda de granada ha llevado a evaluar estrategias para mejorar la shelf-life (vida de estantería) y alargar la venta más allá del periodo de maduración del fruto. No sólo de setiembre a noviembre, el objetivo de los productores es que la granada sea disponible todos los días.

EL delicado punto de partida es el proceso de maduración. Por su naturaleza, la granada no es un fruto climatérico, o sea no completa su maduración cuando se corta del árbol. Por consiguiente, es fundamental coger los frutos al final de la maduración, cuando consiguen el ápice de sus propiedades organolépticas, nutritivas y funcionales. Sin embargo, una cosecha tardía puede causar una deterioración rápida haciendo más difícil su conservación a largo plazo.

¿Cómo coger los frutos?

Es indispensable proceder con cuidado porque las manipulaciones enérgicas podrían crear abrasiones y agrietados en la cáscara, perjudicando sus sustancias nutritivas.

Sin dudas, estos daños aumentarían la proliferación de bacterias responsables de moho en la fase de conservación. Por consiguiente, es aconsejable cortar el fruto del árbol, con la ayuda de tijeras grandes para la poda de hojas.

Durante la fase de post cosecha es fundamental que no se altere la naturaleza del fruto, ya que fisiológicamente la granada haya logrado el grado perfecto de humedad para poder ser conservada. Estará lista para su consumación fresca (el día mismo o, al máximo después de 4-5 días), pero sucesivamente se requiere su conservación en la heladera.

En cocina, hay que guardarla en bolsos alimentarios de plástico en la temperatura consueta de la heladera, mientras las empresas especializadas tienen que envolver los contenedores de granadas con películas de plástica específicas o en bolsos adecuados variando el termóstato según los meses de conservación y las características de la variedad (grado de azúcar, maduración, etc.)

Photo credits: Joshua Tabti 

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