La granada aparece también en las fábulas de Esopo. La Fábula número 324 titulada “La granada, el manzano, el olivo y el espinillo” cuenta brevemente lo siguiente:

La granada, el manzano y el olivo se jactaban de su propia fertilidad. La discusión se volvió animada y, el espinillo que los escuchaba desde el seto vecino, dijo de repente:

“¡Hola amigos, entonces dejaron de discutir!”

La fábula es emblemática: cuando los mejores discuten, aún los que no valen nada tratan de jactarse.

Granada - Esopo
Granada – Esopo

Y si Esopo hablaba de jactarse en el VI a.c., de una calidad similar habla también Charlotte de Latour en “El lenguaje de las flores” (Leo S. Olschki, 2008), en pleno romanticismo francés. La noble mujer asocia el fruto de la granada a la necedad, utilizando la metáfora del tonto que quería forzar un chivato a contemplar el esplendor de las granadas.

La frivolidad de la granada
La frivolidad de la granada

Dar una significación simbólica a las flores y a las plantas es un uso que se remonta desde la antigüedad. En el Ochocientos, el interés para el lenguaje de las flores asume quizás su máximo desarrollo, junto con la comunicación de los sentimientos; de hecho, se difundieron editoriales especiales de libros de flores, ilustrados con elegantes incisiones y litografías. En Europa se editaron libros y diccionarios sobre el argumento, como ése de Latour, un libro particularmente dichoso, que tuvo muchas ediciones enriquecidas por dibujos florales.

Sin embargo, en este libro, la granada- considerada junto con el membrillo y la vid uno de los árboles de fruta cultivados más antiguos- no está asociada a adjetivos positivos, sino al concepto de vanidad.

Photo credits: Cristina Milioni & Laurakgibbs

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